Siempre había querido vivir una experiencia en el extranjero, pero me daba miedo salir de mi zona de confort. Elegí Australia porque sabía que era un destino lleno de oportunidades y con un estilo de vida muy atractivo. Al principio, todo fue un reto: adaptarme al idioma, organizar mis horarios entre clases y trabajo, y estar lejos de mi familia. Sin embargo, rápidamente me di cuenta de que cada desafío me estaba haciendo más fuerte e independiente. Estudiaba inglés en una escuela increíble donde los profesores eran súper dinámicos y las clases estaban diseñadas para aplicarlas en situaciones reales. Trabajé como barista en una cafetería, algo que nunca pensé que haría, pero fue una experiencia que me enseñó mucho sobre responsabilidad y atención al cliente. Después de unos meses, ya podía comunicarme con fluidez en inglés y sentí que estaba creciendo no solo académicamente, sino también como persona. Ahora, tengo amigos de todas partes del mundo y una mentalidad mucho más abierta. Esta experiencia no solo me dio un idioma, sino también confianza en mí misma y en mis capacidades